Catorce meses después Borja Oubiña está a punto de salir del túnel. Todo indica que a mediados de la próxima semana dejará de entrenar en solitario y se unirá al grupo. Será la última fase antes de ponerse a disposición de Pepe Murcia para comenzar a defender en el campo los intereses del Celta. Una vez que trabaje con el resto de sus compañeros su puesta a punto puede ser cuestión de un mes. Después le quedará coger el ritmo de competición, pero eso tan solo se consigue disputando partidos.

Físicamente Oubiña empieza a estar a punto después de un sordo trabajo en el gimnasio, en la piscina y en los campos de A Madroa a lo largo de un año. Con total seguridad reaparecerá a mediados de semana para trabajar junto al resto de compañeros como uno más, pero será el aspecto psicológico el que más pese en la condición del jugador celeste para saltar a los terrenos de juego.

Cualquier futbolista que ha pasado por una lesión de larga duración sabe muy bien que la cabeza juega un factor decisivo. Oubiña tiene un cerebro privilegiado, una humildad fuera de toda duda y un compromiso con la entidad de momento inigualable para el resto de compañeros de la plantilla, pero ni siquiera esas circunstancias tienen más fuerza que el miedo a la recaída o a otra rotura que prolongue todavía más su largo recorrido en el desierto.

Conociendo al centrocampista no querrá arriesgar lo más mínimo su participación a riesgo de que el equipo pueda resentirse de no tener en el campo a un jugador que no se sienta al cien por cien de capacidad. Falta ritmo alto de entrenamientos y eso solo se consigue trabajando con el equipo y acumulando minutos de juego, pero uno de los pasos más importantes se va a dar la próxima semana si su trabajo de recuperación y entrenamientos individuales continúan al ritmo que se está llevando a cabo.

Ni los médicos ni el preparador físico quieren en absoluto acelerar los plazos. Borja es un hombre sereno y tranquilo, pero aún así está como loco por volver a jugar al fútbol y eso puede condicionar una recuperación más rápida de lo previsto. Además, que el equipo esté en este momento a tiro de dos partidos de los puestos de ascenso a Primera división estimula al jugador del Celta, sin galones de capitán pero a todos los efectos referencia del aficionado celtista, de la directiva y con toda seguridad de un vestuario que respeta al que en un futuro no muy lejano volverá a ser su capitán por peso específico indiscutible.

El consejo, pendiente

El consejo de administración celeste está muy pendiente de la evolución de Oubiña, pero sin forzar en absoluto al centrocampista. Son muy conscientes de que una ligera mejoría de los resultados del equipo y un acercamiento de Borja a volver a vestirse de corto pueden ser un estímulo ideal para incentivar a aquellos aficionados que durante mucho tiempo han dejado de asistir a los partidos que se disputan en Balaídos. Todo ello sin contar el importantísimo refuerzo que supondría para el equipo.

Nadie quiere forzarle, los pasos se irán dando a la velocidad que el futbolista quiera y precise, pero todo el mundo espera como agua de mayo la reaparición del gallego, otro más para uno de los Celtas más naturalizados de la historia.

El primer gran paso se dará la próxima semana, a partir de ella, los pasitos se convertirán en grandes zancadas camino de la titularidad.